El texto siguiente corresponde a una entrevista realizada por el Arquitecto Rafael Díez, de la redacción de la Revista "AB - Arquitectos de Barcelona - Boletín de la Demarcación de Barcelona", al equipo de Robert Brufau y Asociados y publicada en la misma
en Abril de 1.999 (núm. 68). Refleja fielmente cual es el espíritu de la empresa.
ESPECIALIDAD Y ARQUITECTURA
«La singularidad del estudio es que nos dedicamos a la arquitectura, no a la manera clásica, sino sólo en la parte relacionada con las
estructuras, su diseño y cálculo, y esto desde hace alrededor de treinta años. Resulta curioso ver como, con una especialidad tan fuerte, hemos podido avanzar, aglutinando a bastante
gente, hasta ser en estos momentos uno de los mayores estudios de arquitectura de Barcelona, lo que hace pensar que una de las vías de futuro de los arquitectos pueda ser la especialización. Esto era
inimaginable cuando comenzamos.
Nuestro caso no es único en esta ciudad, ya que hay mucha más gente trabajando de una manera muy parecida.
Si hablamos de la organización de nuestro despacho se entiende que, cuando en estos momentos trabajamos en unos cuarenta proyectos al mismo tiempo, el esquema sea piramidal,
con unos jefes de equipo que controlan seis o siete colaboradores y un número parecido de expedientes. Aparte del responsable, cada equipo está formado por personas con una cualificación diferente, de los cuales
un par de ellos son estudiantes principiantes. La mayor parte del personal -alrededor de setenta personas- son alumnos destacados en asignaturas tecnológicas que, mientras cursan
la segunda mitad de la carrera de Arquitectura, trabajan aquí acogidos a convenios con la UPC. De manera que cuando nos dejan, al cabo de unos cinco o seis años, ya son expertos y pueden dedicarse a esta
especialidad por su cuenta.
Esta podría ser una razón para entender que en Cataluña tengamos un número elevado de buenos arquitectos dedicados al cálculo estructural, un porcentaje grande del cual se
ha formado con nosotros. Más de 300 alumnos han trabajado en el despacho en estas condiciones. Al principio, normalmente un año, ayudan en las tareas más elementales. En una segunda etapa participan
en proyectos más complejos, para pasar a hacer algunos cálculos sencillos en una tercera fase. Cuando ya han acabado sus estudios tienen capacidad para coger más responsabilidad, haciéndose cargo
del desarrollo de algún proyecto de mayor complejidad. Algunos de los que acaban este ciclo se quedan todavía unos años más y se convierten en jefes de equipo.
Cataluña es un caso insólito, ya que si en muchas zonas este trabajo está habitualmente controlado por ingenieros, aquí lo está habitualmente por arquitectos. Uno de los factores que influyeron en esta situación fue que, a partir del año 65, en la Universidad, con la llegada
de un grupo de profesores jóvenes como Margarit, Buxadé o Mañá, se realizó un esfuerzo notable para educar a los estudiantes de Arquitectura, haciéndoles entender las estructuras como algo vivo y motivador, alejándola
del academicismo de una enseñanza excesivamente teórica, característica de épocas anteriores. Esto potenció la aparició de una generación de arquitectos que se interesó por nuestro campo. Ahora, tanto un
arquitecto como un ingeniero, sin distinción, calculan tanto una nave como un edificio de viviendas. Creemos que aquí, en el mundo real de la construcción, afortunadamente, no hay distinciones, no hay
prejuicios por la procedencia académica del experto. Y esto es bueno ya que permite a cada persona, en función de su interés, y independientemente de su titulación, manifestarse a través
de las estructuras, participando en el proceso constructivo, siendo tan creativo como uno quiera o sea capaz. A menudo vemos estructuras calculadas por ingenieros que demuestran
mucha sensibilidad arquitectónica. En último término, podríamos decir que los ingenieros están acostumbrados a hacer una aproximación diferente al diseño en el sentido de que lo hacen más desde la técnica,
mientras que nosotros lo hacemos a partir de la función arquitectónica de la estructura".
ARQUITECTURA Y ESTRUCTURA
«En cuanto a nuestro trabajo, normalmente realizamos trabajos que van más allá de la normalidad. Los compañeros arquitectos nos ven como una prolongación de su estudio. Allí donde ellos, por falta de conocimientos
específicos de las estructuras, no llegan, nos consultan. Vienen con una idea en la cabeza y nosotros la complementamos en aquello que ellos no aciertan a precisar. En cualquier caso, hemos de matizar que muchos arquitectos, aunque no
dominen la técnica del cálculo, tienen bastante claros los conceptos. También es cierto que hay otros que tienen una idea vaga en la cabeza y entonces nuestra tarea es abrir caminos, trabajando en equipo, a fin de
poderla desarrollar y explorarla con total seguridad. Es importante conocer en cada caso la función de la estructura en
relación con la arquitectura a la que sirve. Saber lo que se pide conlleva escoger el tipo estructural más adecuado y sensato. En este sentido, algunas veces la estructura conduce la arquitectura y no al contrario.
Entender bien la función que ha de realizar la estructura es resolver un porcentaje muy alto de nuestro trabajo. Hay casos en los cuales lo que corresponde es tranquilizar el proyecto desde la estructura. Esto ocurre con algunos arquitectos, sobretodo los más jóvenes, que, cuando reciben su
primer encargo profesional importante, quieren expresar muchas cosas, posiblemente demasiadas. En esta situación, desde la estructura les pedimos que reflexionen. Les decimos: "tranquilos, teneis muchos años por delante y
otros proyectos a hacer". Los mejores arquitectos con los que trabajamos no acostumbran a hacer frivolidades con la estructura. Aunque en algunos casos puede parecer que exista una cierta anarquía o desorden en sus proyectos, acostumbran a tener una buena
dosis de lógica en los planteamientos resistentes. Lo que ocurre es que, en ocasiones, organizan la estructura con un orden muy personal y determinado que, eso sí, puede no coincidir con el orden que otro imaginaría en un primer
momento. La lógica no ha de ser cartesiana sino que puede ser una lógica expresiva y, hasta cierto punto, puede ser también una lógica interesada en, por encima de todo, producir una impresión.
Volviendo a la función arquitectónica de la estructura, cuando recibimos un encargo lo primero que hemos de hacer es discernir muy bien el papel que se le pide. Hemos de entender si debemos plantear una simple cuestión funcional o si la decisión implica temas de percepción espacial. La estructura es diferente según
cada proyecto, y la respuesta depende de tantos factores que escapa a la predeterminación. Una de las frustraciones más grandes se produce cuando, satisfechos con el resultado de una estructura que hemos calculado y hemos visto crecer, al volverla a ver cuando la arquitectura se ha acabado,
nos damos cuenta que el arquitecto la ha emmascarado totalmente y de forma innecesaria. Es decepcionante. En contrapartida, la alegria llega cuando el arquitecto es respetuoso y enseña de la estructura todo aquello que está bien. A veces, estructuras que sobre el papel
no son ni muy expresivas ni muy espectaculares consiguen, en cambio, definir un ritmo que la arquitectura identifica.
Adviertes rápidamente que el resultado final es satisfactorio y te das cuenta, al mismo tiempo, que estás delante de un buen arquitecto. Reconocemos este buen arquitecto cuando, de forma habitual, su arquitectura
mejora nuestra estructura.
ESTRUCTURA Y CONSTRUCCIÓN
«Este oficio de las estructuras es apasionante y no tiene nada de árido, al contrario de lo que mucha gente piensa. Puede ser tan creativo como cualquier otro campo de la arquitectura, y tiene una ventaja: te enfrentas a algo muy noble, los
materiales, sin tener que tratar con los inevitables y numerosos intermediarios que habitualmente se interponen entre los arquitectos y su trabajo. No has de estar pendiente de las exigencias y las decisiones cambiantes, a menudo sin lógica o claridad, que
plantean los clientes, las administraciones, los constructores, los industriales, y un largo etcétera. La confrontación es prácticamente inexistente cuando proyectas y diseñas la estructura. Y también cuando la construyes. Lo más
gratificante es que llegas a aliarte con los materiales. Si conoces bien lo que son capaces de hacer, se comportarán como tu quieres, sin decepcionarte nunca.
Por que lo realmente interesante es construir, hacer el seguimiento de la obra, controlar todo el proceso, viendo su terminación. Si tuviéramos que limitar nuestra tarea al mero cálculo de la estructura probablemente dejaríamos este trabajo.
La experiencia constructiva tiene más importancia que los números, como decía Candela.
Entender bien el por qué de la forma de los elementos y el comportamiento de los materiales vale más que todos los procesos de cálculo. Estos se han modificado contínuamente a lo largo de la
historia, e incluso durante muchos siglos no han existido y, en cambio, todas las épocas han dado estructuras magistrales. Con respecto a la intuición, es evidente que en ocasiones puede funcionar, pero la experiencia bien asimilada es
más fructífera, ya que proviene de haber reflexionado repetidamente sobre un mismo tema. Y no nos olvidemos de las enseñanzas que se pueden obtener de los errores cometidos. Para un proyectista inteligente puede ser más beneficioso el
reconocimiento de un error y lo que ello comporta que muchas horas de estudio. Es un campo donde todavía quedan por hacer muchas cosas. Los
materiales van cambiando, y también evoluciona su uso al buscar otras posibilidades expresivas. Por ejemplo, las estructuras cerámicas de Eladio Dieste son
tradicionales, pero él supo darles una nueva dimensión.
Siempre se pueden encontrar nuevos caminos si se investiga día a día, peleándose con los problemas. Vas probando y
llegas a conseguir no solamente que aquello se aguante, cosa que ya se da por supuesta, sino que, en un trabajo conjunto con el arquitecto, consigues crear nuevas
imágenes y soluciones que nunca habrías imaginado. Y no estamos pensando que el camino para conseguir estos adelantos sea el uso de recursos formales altamente tecnológicos,
como vemos a menudo en las estructuras "high-tech". Creerse que la mejor estructura es la que presenta una tecnología más sofisticada es uno de los
mayores errores en que puede caer un proyectista estructural. Raramente hemos hecho uso de estos recursos, y cuando lo hemos intentado nos hemos sentido, incluso, esclavizados y mediatizados
en cierta manera por la propia tecnología. Y esto sí que es realmente frustrante.